Un tío lleva facturados más de 170.000 dólares en tres días con una web que montó en 3 horas: outbid.lol
Y probablemente siga subiendo la cifra.
Es una web donde la gente puja por estar más arriba en un ranking. Y ya está. No vende ni productos, ni servicios. Pagas para que tu logo salga ahí, y si alguien puja más que tú, te adelanta.
Puedes entrar con una puja de pocos dólares, pero para ser el número 1 tienes que superar al número 1 anterior. Ahora mismo el primer puesto está en 15.000 dólares y de ahí ya no se baja.
Las primeras 24 horas: 200.000 visitas, 21.000 dólares facturados, 1.500 seguidores nuevos y una oferta de 100.000 dólares para que vendiera el proyecto.
Más allá del “what a time to be alive” que desprende esta historia, detrás de ella hay algo que me interesa mucho más que la web en sí.
Ya escribí sobre las tres patas del éxito en proyectos digitales: talento, sacrificio y suerte. outbid.lol es un caso perfecto para volver a esas ideas.
Lo difícil de un proyecto así no es montarlo (que en tres horas lo tienes), sino que a la gente le despierte “algo” y le dé por soltar la pasta.
Y ese “algo” es imposible de fabricar.
Que se lo pregunten a todos los clones que le han salido. Tres el primer día, y desde entonces una camada entera de webs igualitas: mismo concepto (tematizado en algo o no), misma mecánica, y encima lanzadas cuando todo el mundo ya está mirando. De momento ninguna ha petado.
Si lo que hace magia es el producto, funcionaría igual en alguna de las copias.
¿Entonces, por qué la de Jonathan es diferente? Os adelanto que no tengo la respuesta.
Podemos buscar la explicación en el timing, la distribución, su audiencia o el talento. Seguramente todos empujaron un poco, pero ninguno explica que una web así haga 170.000 dólares mientras sus clones no hacen una mierda.
Donde sí me parece que hay tela que cortar es en el sacrificio.
Porque a bote pronto la respuesta es que no le ha costado ni un día de curro. Tres horas y a dormir. Pero es que esas tres horas salen de algún sitio. Jonathan lleva tres años construyendo un boilerplate con el que factura 12.000$ al mes. Y los 10.000 seguidores que tenía la noche que publicó el tweet anunciando la web son el subproducto de esos mismos tres años.
O sea, que el sacrificio está ahí, solo que no en la ejecución del proyecto, sino en todos los años de curro detrás, que sin ellos no hubiera llegado a este punto.
¿Y la suerte? Bueno, si entendemos “suerte” como que un tweet a las 11 de la noche llegue a quien tiene que llegar, que la gente empiece a pujar por hacer la gracia, y que eso desencadene la locura de que otros quieran subirse al carro mientras dure esa atención en el proyecto… entonces sí, diremos que “ha tenido suerte”.
Pero la suerte solo te pilla si estás en el sitio. Y llevaba tres años en el sitio, así que ni un ápice de mérito le quito.
Lo de pujar “por hacer la gracia” lo digo por los primeros. Ahora los que aflojan la pasta es por el tráfico que mueve la web y la visibilidad que les da estar ahí. Y yo que me alegro por Jonathan. Mejor en su bolsillo que en el de Google o Meta.
Obviamente esto es un caso excepcional, uno de esos proyectos tocados con una varita mágica que caen en gracia por ese “algo” imposible de aislar.
Y salvando muchísimo las distancias, yo he vivido una versión microscópica de este fenómeno.
El año pasado monté elseohamuerto.es, y me recuerda al de outbid.lol porque también tenía un sistema de pujas. Cada patrocinador pagaba 5€ más que el anterior.
Empezó como una broma, cayó en gracia, lo reconvertí en un proyecto benéfico y entre patrocinadores y merchandising molón terminó generando 1.100€ que se donaron a la Fundación Aladina para luchar contra el cáncer infantil.
Honor y gloria para los que pusieron su granito de arena aquellos días.
Soy consciente de que todo esto no sirve de mucho como consejo, pero es que no existe un método que copiar ni una fórmula que aplicar el lunes.
Es posible que en outbid.lol nadie siga metiendo pasta porque en unos días haya pasado el hype y ya no reciba atención.
O puede que la bola no se detenga y se convierta en el estandarte de esta era del “what a time to be alive”: un tío haciéndose millonario porque una idea absurdamente simple se le fue de las manos.
Quién sabe.
Lo único que tengo claro es que estamos viendo una muestra más del “si haces cosas, pasan cosas”.
O dicho de otro modo: hacer cosas durante mucho tiempo hace que estés más veces en el sitio donde la suerte puede encontrarte.
En diciembre lo dije así, y me reafirmo: “La capacidad de sacrificio no te asegura que vayas a ganar siempre, pero sí aumenta bastante las probabilidades de que puedas seguir sentado en la mesa cuando toque repartir las siguientes manos.”
Gracias por leer.
Sergi Ruiz, desde la cueva.



