El precio de subirse al tren
Lo que me está costando apostar por la IA.
Desde hace un par de meses estoy dedicándole más horas de las que tengo a experimentar con IA y aprender todo lo que puedo.
Me hubiese gustado empezar antes, pero entre pañales, biberones y tantos otros frentes abiertos, lo fui dejando “para cuando tuviese más tiempo”. Hasta que en febrero de este año hice la app de FiniteGrid con vibe-coding y me explotó la cabeza. Desde entonces no he parado.
No voy a daros la chapa con el discurso de “esto va a cambiarlo todo, viene un tren que lo va a poner todo patas arriba”. Eso ya lo sabéis.
Lo que quiero compartiros es que subirse al tren no es gratis, y llevo semanas dándole vueltas al precio que estoy pagando.
Los que leéis esto desde hace tiempo sabéis que en su día aposté por crear proyectos propios. Y lo de “apostar” no es una elección de palabras al tuntún, porque para perseguir mi objetivo de tener una fuente de ingresos que no estuviera ligada a mis horas y que me diera la libertad que quería, tuve que duplicar mi jornada laboral para poder experimentar con todos los modelos de negocio iba descubriendo (Adsense, afiliación, e-commerce, dropshipping, etc) mientras cumplía con mi trabajo de freelance para poder pagar facturas.
Pero sin ninguna garantía de que aquello fuese a funcionar. Afortunadamente todo salió bien y los últimos 5 años vivido de esos proyectos, con una relación ingresos/horas que difícilmente habría conseguido solo con clientes.
Pues ahora estoy en un momento muy parecido, pero sin la capacidad de “duplicar la jornada”. Cada hora que le meto a la IA es una hora que le quito a lo que me da de comer hoy.
Estoy limitando mi cartera de clientes, dejando de facturar, y ralentizando los side projects que pagan mis facturas. Y a diferencia de aquella vez, donde más o menos podía medir si un nicho o un modelo de negocio funcionaba o no, aquí el horizonte es mucho más borroso.
“¿Merece la pena dedicarle tanto tiempo a esto? Ni siquiera tiene implicación directa en mi facturación.”
Esa pregunta me la hago a menudo últimamente. Y siempre llego a la misma respuesta.
Mucha gente compara lo que estamos viviendo con la Revolución Industrial y seguramente no les falta razón, pero creo que otro símil muy adecuado es que estamos en un momento similar cuando los ordenadores se empezaron a popularizar. Llevaban años existiendo pero no estaban al alcance de todos. Cuando llegaron al público general, hubo dos tipos de personas: los que aprendieron a usarlos y los que no.
Los primeros hoy se desenvuelven bien por el mundo digital aunque tengan 60 años. Los segundos confunden anuncios con botones de descarga, no distinguen un phishing cutre, no se atreven a comprar online o tienen que ir al banco presencialmente a hacer cualquier trámite.
Con la IA está pasando lo mismo. Lleva décadas existiendo pero solo los frikis que se dedicaban a ello la conocían bien. Ahora ya está en nuestra burbuja de profesionales digitales, de gente técnica, de early adopters. Pero cuando pegue el salto al público general (y lo va a hacer) los que sepan moverse bien van a tener una ventaja competitiva bestial.
No solo a nivel profesional, también en el día a día: cómo te relacionas con el software, cómo buscas, cómo compras, cómo aprendes, cómo resuelves problemas.
Todo va a girar en torno a esto.
Sé que la analogía no es perfecta. Los ordenadores había que aprender a usarlos, en cambio la IA puede que acabe siendo tan transparente que no haga falta. Pero incluso en ese escenario, los que entiendan qué hay debajo van a tomar mejores decisiones.
Y tampoco hace falta irse al extremo al que me estoy yendo yo: cualquiera que esté peleándose con el tema, aunque sea media hora al día, ya está interiorizando las bases.
La diferencia importante no es entre el que le dedica mucho y el que le dedica poco, sino entre el que ha empezado y el que ni se lo plantea.
Y por eso le meto caña aunque me cueste dinero ahora. Soy consciente que mucho de lo que aprenda hoy no será válido dentro de un año, porque las herramientas habrán cambiado mucho. Pero el poso que quedará será la experiencia, el saber distinguir lo que funciona de lo que no, y la capacidad de adaptarte rápido cuando cambie todo.
Es la misma apuesta de entonces: sacrificar presente por posicionarme para lo que viene.
¿Que si tengo dudas? Claro.
No tengo ni idea de cómo esto acabará convirtiéndose en algo tangible en mi cuenta corriente. Quizás pivote mis servicios hacia integración de IA para negocios, quizás simplemente sea más eficiente en lo que ya hago, quizás nada de lo que imagino hoy se parezca a lo que acabe pasando.
Pero la incertidumbre es parecida a la que sentía entonces, cuando lo aposté todo a montar side projects. Y si de aquello me arrepiento de algo, es de no haberlo hecho antes.
Gracias por leer.
Sergi Ruiz, desde la cueva.



